¿Cómo vamos a conseguir seguridad y tranquiidad si desobedecemos las leyes y faltamos el respeto?
NADIE RESPETA A NADIE


¿Cómo vamos a conseguir seguridad y tranquilidad con desobediencia a las leyes y faltas de respeto? Creemos que las leyes están hechas para todos menos para nosotros. Es nuestra realidad, visible hasta en los pequeños detalles, que nos hacen protagonistas de este caos al que llamamos "país".

Las imprudencias de los peatones se han convertido en la segunda causa de los accidentes de tránsito en el Perú, muchos de ellos con consecuencias fatales. Las multas fluctúan entre el 3% y el 0.75% de la UIT (S/.121 y S/30.13 respectivamente). Con la rebaja del 83% por pronto pago, quedan reducidos a S/.20.20 y S/.5.12). ¡Montos diminutos y absurdos!

Cuando se penaliza, hay que hacerlo en forma ejemplarizadora y promover enmienda. Resulta más valioso el tiempo invertido por el infractor en el pago y el costo de recaudación asumido por el Estado, con una morosidad del 70% que el dinero mismo. ¡Mal concebido! Reemplacemos las sanciones pecuniarias por servicios comunitarios, desde recoger basura hasta impartir clases a niños de escasos recursos. Las multas que más duelen no necesariamente son aquellas que impactan el bolsillo.

Según el 38% de la población, la inseguridad ciudadana es el principal problema que tiene pendiente de resolver el Gobierno. En efecto, 44% ha sido víctima de un acto delincuencial y el 84% se siente inseguro en su barrio/ciudad según encuesta de Pulso Perú, de mayo de 2017. Son cifras altísimas y alarmantes pero, a pesar de ello, no somos capaces de reconocer y respetar la autoridad de la Policía.

¿Recuerdan la inmensa prensa que recibió el caso de Silvana Buscaglia? Aquella mujer que en el mes de diciembre de 2015 agredió a un policía con inusitada beligerancia. El hecho hubiera pasado casi desapercibido sino se le hubiera aplicado la Ley de Flagrancia y condenado a seis años y ocho meses de prisión. Hace unos días volví a ver el video de la agresión y, sin perjuicio de sus palabras altisonantes, su lenguaje gestual era el de una persona acostumbrada, como muchísimos peruanos, a marcar la cancha con sus propias reglas.

Coincido con lo que declaró José Luis Pérez Guadalupe, cuando era ministro del Interior: “La agresión más fuerte no es la cachetada que le da al suboficial, es la agresión verbal, es la actitud, es decirle ‘no te acerques a mi camioneta’". Es decir: "No eres siquiera digno de acercarte a mi carro".

¿Por qué despertó tanto interés? Por el morbo, por el insólito precedente que fuera condenada a prisión por algo que a la mayoría de gente le parecía un déjà vu, una escena que le resulta familiar simplemente porque forman parte del día a día en el reino de la impunidad.

Me pregunto, entonces, por qué el caso reciente de Patricia Rossana Soriano Alvarado, quien embistió con absoluta prepotencia a una mujer policía en Javier Prado, no ha recibido mayor difusión. ¿Nos estamos acostumbrando a que en este país pueda pasar cualquier cosa? ¿La inmensa podredumbre que se destapa todos los días nos ha vuelto indiferentes? ¿Hemos perdido la capacidad de indignarnos por lo que realmente importa?

La única forma de salir de este embrollo es con el compromiso individual. ¿Seremos capaces de no copiar o envidiar lo que hacen otros, así saquen ventaja o usen y abusen del Perú a conveniencia? Es difícil pues mezcla de tentación con envidia, pero sino contagiamos civismo y agradecimiento por el país estamos perdidos. ¡Por lo menos evitemos retroceder!

Como decía el matemático y poeta chileno Nicanor Parra hace varios años sobre Chile: "Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje". Sin embargo, Chile ya está en la OCDE: ¿tanta ventaja dejamos que nos sacara el vecino? ¡Saque sus propias conclusiones!


Madeleine Osterling

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